Las "perversiones" del sistema educativo

Publicado el 25 de abril de 2026, 11:11

De vez en cuando debemos tratar con los intelectuales

 para darnos cuenta de a dónde

no queremos volver bajo ningún concepto

H. Arendt,

Carta a H. Blüchner, 1 de marzo de 1995

 

     La ausencia de esfuerzo y disciplina: tratar a los alumnos como iguales, hacerles creer que lo son en todos los sentidos y que para llegar a adquirir conocimientos e instrucción no habrá necesidad de empeñar esfuerzo alguno, ni de repetición, o incluso de aburrimiento; tampoco de constancia ni disciplina: esta son algunas de las perversiones que padece nuestro azacaneado sistema educativo, cuya enfermedad hace tiempo que tiene un diagnóstico bastante certero, pero que desgraciadamente aún no sabemos cómo tratar.

     Niños malcriados por unos progenitores que sospechan que amar es consentir, individuos a los que esos padres desdibujados protegen hasta la desazón o el ridículo, temiendo más causarles un imaginario trauma que dotarles de los recursos para enfrentarse a las adversidades y sobresaltos que vendrán con la existencia…

     La escuela pública como paradigma y epítome de un mal social que comienza en los albores de la infancia de las personas; una escuela con su nervio intelectual atrofiado, en la que el mediocre levanta sus arrestos y su territorio porque los tontos no tienen el innegable defecto de la autocrítica, y el más brillante tiene que disimular y ocultarse si quiere sobrevivir; una escuela empeñada en suplantar a las organizaciones caritativas de antaño, ahora que toda fe ha terminado por ser laica y desvaída, esforzándose por sacar a los pobres del agujero en que cómodamente sestean los más, felices prisioneros de la caverna platónica, ígnaros consentidos sometidos por su propio deseo a una cierta servidumbre voluntaria.

    Hijos a los que se ve poco, afanados como los tenemos en mil y una actividades, y que siempre parecen incordiarnos con las exigencias de su presencia. Compramos su silencio al precio de artilugios y cachivaches regalados porque sí, mientras se les deja abandonados en medio de un solanar emocional y moral, una suerte de autonomía muy desmejorada, en trance de morir de un rapto de negligencia.

    Una época de padres-niños sostenida en el pensamiento mágico de que quien quiere puede, una de las tantas tonterías que se oyen en tono campanudo por ahí, o que lo que importa es la felicidad. Albricias, y yo tan viejo y sin saberlo.

   La pedagogía, empeñada en crear dogmas ad hoc y desmemoriada para los logros del saber, que lo son también de una tradición, fundando sus esperanzas redentoras en el proceso de cambio social que justificaría, si fuera necesario, el abandono de aspectos culturales que fueron alguna vez importantes a la sociedad para su propia supervivencia. O ya no para la supervivencia, sino para la contemplación y el disfrute de lo bello… La gran coartada: la innovación. Escriben en verso libre quienes nunca aprendieron a someterse a las formas poéticas. Quemaron bibliotecas quienes no leyeron nunca un solo libro por placer.

   Las grandes mentiras de la pedagogía, ¿tendremos alguna vez el valor de reconocerlas y castigarlas? ¿Por qué habrían de ser menos dañinas…que las piadosas mentiras de la religión? Por lo menos unas prometen salvación; las otras te condenan inexorablemente.

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