Biografía e indagación
No nos encontramos en el mundo con el bagaje que llevamos en la adultez, sino con la elasticidad ingenua de los niños, esa innata capacidad que poseen casi todos ellos para superar incluso las situaciones más difíciles, a poco que encuentren la palanca que les ayude a mover su mundo. Es lo que los psicólogos bautizaron, con feo nombre de propiedad física, la resiliencia: capacidad que tienen algunas cosas de volver a su posición o forma inicial cuando se ha sufrido una violencia deformante. Por ejemplo, el niño que sufre raquitismo emocional porque no recibió suficiente nutrición relacional, pero que alcanza la altura de sus contemporáneos cuando es amado por una figura compensatoria. Los seres humanos necesitamos más de este tipo de nutrición que de la física, como puso en claro H. Harlow en sus estudios sobre el apego y los famosos monitos Rhesus aferrados a su mamá sustituta de felpa en lugar de la que tenía la tetilla con el alimento, fundida con frío metal. El niño, pues, no es un adulto en miniatura, pero es el lugar desde el que el hombre se eleva sobre sí mismo.