La teoría de la bellota
A veces ocurren hechos que revelan una ajustada sincronía, inexplicable pero feliz. Hace unos días retomé por casualidad la lectura de un libro que leí años atrás. Un libro excelente del jungiano James Hillman, titulado “El código del alma. La respuesta a la voz interior”. Su lectura me dejó entonces un buen regusto y la idea subliminal de que volvería a sus páginas en cuanto pasaran unos años, si había ocasión. Hablaba el texto, entre otros asuntos, de la vocación, cuestión sobre la que trabajé en un estudio sobre la biografía en Ortega y Gasset, pues todo el mundo que se haya familiarizado con el filósofo reconocerá cuánto ahínco puso siempre en este asunto vocacional su autor. Los caminos del Señor son inescrutables, como suele decirse. En temas y lecturas, el dicho parece un acierto, igual que lo es en los encuentros y desencuentros que tenemos en la vida. Escribí y pensé bastante en la vocación, que es nuestro empeño en ser lo que debemos ser frente a aquello con lo que nos encontramos dado, las circunstancias.