Algunas palabras sobre psicoterapia (1)
He dicho en alguna otra parte, por escrito y de forma más informal, que la psicoterapia es una profesión que a día de hoy aún se bate el cobre por su reconocimiento legal, al menos en nuestro país, aunque sea una profesión tan antigua como el viejo «arte de curar con la palabra», que amaneció ya entre los griegos y en más lejanas culturas. Numerosos intereses y facciones se disputan el pastel del que comen psicólogos y otros profesionales de la vida emocional y psicológica; y todos sabemos que no hay pastel para todos. La lucha es encarnizada, a veces feroz y dramática. Y ello por no hablar de los espontáneos que, sin la adecuada preparación profesional, se inmiscuyen desde el púlpito de las redes sociales que hoy otorga a los imbéciles la resonancia de los viejos predicadores y taumaturgos de antaño. Intrusos que usurpan un territorio para el que carecen de la debida preparación y que, en el mejor de los casos, se limitan a causar un daño provisional a la literatura con sus panfletos para lograr la felicidad en seis, diez, quince o veinte pasos, o sus consejos de chichinabo en alguna revista de los quioscos, que de algo tienen que hablar porque también los periodistas tienen que vivir, y dar consejos es gratis y cualquiera puede hacerlo.