Fragmentos de caza menor (aforismos)
Sobre la admiración exagerada
Imaginemos que imagino un futuro libro. Imaginemos que empiezo a escribirlo de esta forma no aforística, pero sí fragmentaria, que va tomando cuerpo en las entradillas de un blog, no hay cosa más moderna. Imaginemos que ese futuro libro aún no nacido se titulara, más por ambición del proyecto que por la realidad hecha y formulada, de la siguiente guisa: Los problemas del mundo.
Un título así, tan grandilocuente, exigiría demasiadas explicaciones. Yo daría una breve y sencilla: los problemas del mundo soy yo mismo, yo encarno en mi vida los verdaderos problemas del mundo. Pero no yo por ser quien soy, sino cada uno de nosotros, que somos lo que somos: cada uno de nosotros que, al existir, somos el mundo.
Por tanto, los problemas del mundo son los problemas que yo encarno en mi vida y sus soluciones, mis opiniones, mis dudas y cavilaciones, si hubieran de tener algún valor o sentido, tendrían acaso también un valor y sentido para otras personas, tal vez incluso para muchas.
16 jul 2026 9:38
Sobre la admiración exagerada
29 may 2026 11:00
Mi experiencia me ha enseñado, por ejemplo, el fuerte impacto que ha tenido en cada uno de nosotros los aprendizajes transgeneracionales, como la ausencia o presencia del reconocimiento paterno, y los modelos de conyugalidad y parentalidad de nuestros ancestros, si nos remontamos hasta una tercera generación. El peso transmitido de la culpa o de la ausencia de amor; y la forma de afrontar la parentalidad con nuestros hijos y la conyugalidad con nuestras parejas, el miedo a la cercanía o la búsqueda insatisfactoria de un salvador de quien depender y en quien depositar nuestra vida… Todo eso son aprendizajes inconscientes que hacemos -o más bien mamamos-, inicialmente, en nuestras familias de origen.
26 may 2026 10:56
He dicho en alguna otra parte, por escrito y de forma más informal, que la psicoterapia es una profesión que a día de hoy aún se bate el cobre por su reconocimiento legal, al menos en nuestro país, aunque sea una profesión tan antigua como el viejo «arte de curar con la palabra», que amaneció ya entre los griegos y en más lejanas culturas. Numerosos intereses y facciones se disputan el pastel del que comen psicólogos y otros profesionales de la vida emocional y psicológica; y todos sabemos que no hay pastel para todos. La lucha es encarnizada, a veces feroz y dramática. Y ello por no hablar de los espontáneos que, sin la adecuada preparación profesional, se inmiscuyen desde el púlpito de las redes sociales que hoy otorga a los imbéciles la resonancia de los viejos predicadores y taumaturgos de antaño. Intrusos que usurpan un territorio para el que carecen de la debida preparación y que, en el mejor de los casos, se limitan a causar un daño provisional a la literatura con sus panfletos para lograr la felicidad en seis, diez, quince o veinte pasos, o sus consejos de chichinabo en alguna revista de los quioscos, que de algo tienen que hablar porque también los periodistas tienen que vivir, y dar consejos es gratis y cualquiera puede hacerlo.
21 may 2026 12:01
Encomendamos a nuestros hijos a la escuela para que aprendan, aunque a veces parece que lo queramos allí recogidos y poco más. Algunos funcionarios y burócratas de la escuela –antaño maestros y profesores- parece que se interesen más por que se cumplan las estadísticas de aprobados y suspensos cuyo cómputo total viene predefinido desde los servicios educativos por los técnicos de la cuestión, los técnicos de despacho, los que manejan los números. Desean, noble deseo, que de suspensos haya los menos posibles, no sea que mandemos aterrizar en la escuela inopinadamente la inspección educativa para averiguar qué están haciendo tan mal quienes tienen el encargo de mantener el sistema para que esos chicos y chicas que no estudian sigan empeñados en no aprobar las materias que allí se imparten y pasen de curso, ampliando el abismo de su ignorancia. Y si, a pesar de todo, los resultados no son los apetecidos, pues es el nuestro un modelo de éxito, como se suele repetir hasta la infamia, ya encontraremos al chivo expiatorio de turno a quien endilgarle la responsabilidad de la debacle, llámense familias desestructuradas, llámense emigrantes, o falta de recursos o ratios sobredimensionadas o, simple y llanamente, pobreza o lasitud. No estulticia, pereza ni falta de conocimientos, de exigencia o de ilusiones.
5 may 2026 19:05
Contextos invalidantes: ambientes invalidantes,
3 may 2026 18:55
25 abr 2026 11:11
“De vez en cuando debemos tratar con los intelectuales
9 abr 2026 18:49
7 abr 2026 11:34
¿DESATENDEMOS A NUESTROS PADRES SI QUEREMOS CONTINUAR CON NUESTRAS VIDAS?[1]
2 abr 2026 10:09
A veces ocurren hechos que revelan una ajustada sincronía, inexplicable pero feliz. Hace unos días retomé por casualidad la lectura de un libro que leí años atrás. Un libro excelente del jungiano James Hillman, titulado “El código del alma. La respuesta a la voz interior”. Su lectura me dejó entonces un buen regusto y la idea subliminal de que volvería a sus páginas en cuanto pasaran unos años, si había ocasión. Hablaba el texto, entre otros asuntos, de la vocación, cuestión sobre la que trabajé en un estudio sobre la biografía en Ortega y Gasset, pues todo el mundo que se haya familiarizado con el filósofo reconocerá cuánto ahínco puso siempre en este asunto vocacional su autor. Los caminos del Señor son inescrutables, como suele decirse. En temas y lecturas, el dicho parece un acierto, igual que lo es en los encuentros y desencuentros que tenemos en la vida. Escribí y pensé bastante en la vocación, que es nuestro empeño en ser lo que debemos ser frente a aquello con lo que nos encontramos dado, las circunstancias.
31 mar 2026 9:57
19 mar 2026 17:34
Suposición 2: Nuestra conducta está guiada por convicciones y creencias racionales y compatibles, sobre las que se puede dialogar porque las conocemos con claridad.