Sobre la admiración exagerada
Conviene no admirar desmesuradamente a nadie, para que luego su tamaño natural no nos provoque desasosiego. Nadie es tan perfecto que no guarde alguna tara, si se lo observa bien. Ninguna fuerza existe sin su debilidad correspondiente. La admiración adecuada ni nos turba ni se distingue.
¿A quién se debe admirar?
Admirar a los grandes e ignorar a los necios, pero cuidando de que estos últimos no lo noten, es el secreto de la imitación productiva.
Traición
A veces el mundo nos llama para doblegar nuestra vocación.
Envidia
Hay sentimientos que debemos aceptar porque simplemente son sentimientos humanos, aunque luego hayamos de luchar por transformar su impacto sobre nuestras vidas. Así sucede con la envidia, la primera y más abrasadora pasión humana. Es humana, humanísima. Pero de efectos devastadores sobre la vida de quien la padece. Los efectos perniciosos de la envidia no recaen sobre otra vida ajena, sino sobre la propia de cada cual. El que envidia se mata a sí mismo. Mientras, la vida del otro, la vida envidiada sigue su imperturbable curso.
Aunque se puede observar un cierto regodeo en quien se siente envidiado por otro, y eso muestra de modo palmario que, aunque en menor grado, la envidia tiene propiedades transitivas.
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