Con qué tenemos que contar

Publicado el 19 de enero de 2026, 17:07

   Ninguno de nosotros logra hacerse en plenitud con aquello de lo que por completo carece, ya sea porque no se reconoce con facilidad tal carencia y piensan algunos que con esfuerzo y voluntad todo se alcanza, ya porque sea un elemento esencial que no adquiriremos con el aprendizaje, al faltarnos las cualidades que se requieren para su dominio. Nadie entre aquí sin saber geometría, cuenta la leyenda que estaba escrito sobre el dintel de la Academia platónica, como si de entrada no fuera posible a aquellos que aún no la supieran, adquirirla con el esfuerzo de su trabajo en la propia escuela platónica. Había que venir sabiendo, como riguroso requisito para la aceptación en su seno.

   Hay contenidos que se pueden, en efecto, llegar a conocer e incluso dominar, como le geometría, pero también hay capacidades que o se tienen o no se tienen. Imaginemos por un instante que a mí me encantase la ópera –que me encanta- y que en privadísima intimidad me diera por entonar algunas arias conocidas, bajo la ducha, al secreto de oídos ajenos –que lo hago, desafinando. La naturaleza no me dotó de esa capacidad cantarina que haría de mí un barítono, un tenor o un bajo, ni del oído ajustado que para el canto se requiere, sino sólo del placer que se obtiene al escuchar a quien sí ejecuta con maestría esta capacidad. Entonces, por grande que fuera la voluntad y extenso el tiempo invertido en ello, no sería posible adquirir esa pericia que exige la destreza, porque no nací dotado para cantar. Nací, para ello, con una dotación limitada. Como buena parte de los seres humanos.

   Hay que contar también con otro elemento externo a nosotros, pero que sin duda nos afecta en nuestra propia vida singular. Me refiero al azar. Luchamos por intentar minimizar sus efectos, Pero la incertidumbre es un elemento esencialísimo de nuestra existencia, al punto de que, aun haciendo mi vida y poniéndome en juego frente a las circunstancias, puede el azar hacer variar de forma definitiva el rumbo y el destino de mi vivir de un solo manotazo. Hace, así, que mi vida se desmarque hacia una trayectoria que nunca antes había imaginado, que no me cabía en la cabeza, que nunca anticipé.

   No se trata sólo de que el azar sea un factor más de las circunstancias, favorable o desfavorable; es que puede ser una circunstancia que me golpee con tal fuerza que me desvíe por completo del proyecto inicial en que creí haberme embarcado, llevándome a otro lugar que nunca antes pasó por mi cabeza y nunca antes lo hubiera podido prever. A veces, pues, el azar se convierte en el eje de aquella figura imaginaria, de aquel círculo con que tratamos de representar nuestra forma de vida. Y genera así, con su intervención, un nuevo y diferente proyecto de vida, aunque heredero, sin duda, de aquel que yo traté de ser antes.

   Cumple el azar una función en nuestra vida, aunque no podamos dirigir sus pasos ni marcarle la dirección.

   La dotación y el azar son, pues, dos elementos con los que hemos de contar al construir nuestra propia vida.

 

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